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Actualizado: 20-12-2017
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RESUMEN
De manera similar al resto de las regiones españolas, las perspectivas de la economía catalana para el presente año 2020 muestran un claro impacto negativo derivado de la pandemia asociada a la COVID-19. El shock de oferta que se ha producido durante la primera mitad del año debido al cese de actividad durante el confinamiento y las restricciones posteriores lastrarán el crecimiento económico con una variación del VAB respecto al año anterior del -9,2%. Sin embargo, se espera que el ritmo de crecimiento para 2021 se sitúe de nuevo en valores positivos con una tasa interanual del 6,6%. Esta evolución sería similar a la que se espera para el conjunto del estado.
A nivel sectorial, la crisis ha tenido un impacto negativo sobre todas las actividades productividades, si bien el sector industrial parece estar remontando la caída de la producción a un ritmo más elevado que el resto de sectores. En concreto, se espera que el valor añadido del sector industrial experimente una caída del -7,3% durante 2020 en relación a 2019 mientras que dicha caída sería del -10,3%, del -13,1% y del -9,5% para agricultura, construcción y servicios, respectivamente. En 2021, se reactivaría la actividad económica en todos los sectores a medida que se recupere la normalidad y no se produzcan disrupciones en la cadena global de valor aunque no se llegarían a recuperar los niveles observados en 2019. Así pues, se esperan tasas de crecimiento interanuales del 7,0% para la agricultura, del 8,3% para la industria, del 7,1% para la construcción y del 6,6% para el sector servicios.

INFORME SEMESTRAL Jul./2020

Con la información estadística disponible en el momento de realizar el presente informe, la previsión del ritmo de crecimiento del PIB de la economía catalana para el presente año muestra una caída sin precedentes respecto a la observada durante 2019. En concreto, se prevé que el VAB generado por la economía catalana disminuya en un -9,2% durante 2020, una caída ligeramente superior a la del conjunto del estado según las previsiones de Hispalink. Esta previsión pone de manifiesto que la economía catalana se ha visto más afectada por la pandemia que otras regiones debido, por un lado, a la mayor intensidad de la crisis sanitaria y la necesidad de mantener algunas restricciones durante un período de tiempo más prolongado, pero por otro lado, también como consecuencia de la composición de su estructura productiva dado que el sector turístico tiene un peso considerable dentro del sector servicios de la comunidad.

En este sentido, a pesar de que desde mediados/finales de junio se ha podido empezar a recuperar la normalidad en muchos sectores, poniendo así fin al llamado “shock de oferta” que ha supuesto el período de confinamiento y las fases preparatorias hacía esta “nueva normalidad”, siguen existiendo claras limitaciones a la actividad en muchos ámbitos. De hecho, la paralización de la actividad durante un período que para muchas empresas de sectores “no esenciales” ha sido de entre 4 y 8 semanas ha supuesto una caída de su producción anual de entre un 7,5% y un 15%, como mínimo. En este sentido, un posible rebrote de los contagios y la necesidad de un nuevo confinamiento prolongaría los efectos de este shock y sería el principal riesgo que hay que tener en cuenta a la hora de interpretar estas predicciones.

Otro factor importante en este contexto es cuantificar cual será el impacto del “shock de demanda” vinculado a la caída del consumo no solo durante el confinamiento sinó en la nueva normalidad. Si bien no cabe esperar un gran repunte del consumo (por motivos de precaución), probablemente los niveles de consumo previos a la pandemia se irán recuperando de manera gradual y una tendencia similar se observará en las exportaciones. El hecho de que la afectación de la COVID-19 esté siendo tan distinta entre países y que en buena parte de Asia y Europa se haya recuperado una cierta normalidad también ayudará a que la demanda del sector industrial se pueda recuperar antes de lo previsto.

Sin embargo, el escenario en que durante el tercer y cuarto trimestre se podrá recuperar buena parte de la actividad económica fijando las bases de una recuperación durante 2021 puede verse amenazado si no se mantienen los instrumentos que han permitido mantener la liquidez de las empresas y los niveles de renta de los trabajadores durante la primera mitad del año. A diferencia de lo ocurrido durante la crisis del 2008, las medidas adoptadas por el gobierno han permitido mantener el vínculo entre empresas y trabajadores a través de la flexibilización de los ERTE por causa de fuerza mayor en los sectores “no esenciales”. Lamentablemente, la dualidad de nuestro mercado de trabajo entre trabajadores fijos y temporales no garantiza ese mismo nivel de protección para todos y, además, la concentración de estos colectivos más desprotegidos en actividades con mayores restricciones durante los próximos meses (como todas aquellas relacionadas con la actividad turística) requerirán de nuevas medidas de apoyo por parte de las administraciones, si bien el nuevo ingreso mínimo vital tendrá un papel clave en este contexto. Así pues, cabría esperar una mejora de la situación durante la segunda mitad de 2020 y durante 2021 que se traducirá en una recuperación (parcial) de los niveles perdidos durante este año. En concreto, se prevé que en 2021 se reactive la actividad económica en todos los sectores con un crecimiento interanual del 6,6% y se esperan tasas de crecimiento interanuales del 7,0% para la agricultura, del 8,3% para la industria, del 7,1% para la construcción y del 6,6% para el sector servicios.

Las previsiones presentadas muestran, por tanto, un fuerte efecto de la pandemia sobre la economía catalana pero también la esperanza de una recuperación más rápida que en crisis anteriores con tasas de crecimiento positivas en todos los sectores durante 2021. Sin embargo, es importante señalar que hay diversos elementos que añaden incertidumbre a las previsiones presentadas en el presente informe y que será necesario seguir con atención durante los próximos meses. En concreto, además del posible riesgo de un rebrote de la pandemia en nuestro país, también es importante que las restricciones y limitaciones a la movilidad de personas vayan desapareciendo favoreciendo así una recuperación de la actividad turística pero también que la cadena de valor global no se vea afectada de manera sustancial lo que limitaría las posibilidades exportadoras de nuestras empresas.